LOS INVISIBLES DE LA CESANTÍA:
LOS QUE CAMINAN CON MOCHILA Y CARPETA Y NADIE VE
Usted no necesita
ir al INE para ver la cesantía. Vaya a la OMIL de Chillán, de Los Ángeles, de
Temuco. Llenas. Vaya al SENCE regional. Lleno.
Vaya a la calle,
ahí encontrará tres tipos de cesantes que el país bodega creó y que nadie
cuenta:
El mendigo nuevo.
No es el de siempre. Es el que pide plata en
la esquina con vergüenza. Trabajó en la construcción, en la cosecha, en el
aserradero que cerró. Ahora pide.
El bien vestido invisible.
Ese es el que más duele. Anda con mochila,
carpeta, camisa planchada, zapatos lustrados, caminando. Va a dejar currículum
donde ya no reciben currículum. Camina todo el día. Nadie lo ve, pero está. Es
el cesante con título técnico-profesional que no encuentra donde aplicar su
oficio.
El que ya no busca en el diario.
Antes, La Crónica de Chillán tenía dos páginas
de avisos económicos. La Discusión, otra. Hoy no hay. Todo se digitalizó, se
escondió en una plataforma que pide clave, que pide test, que filtra.
La oferta laboral
desapareció del papel y desapareció de la calle.
Y este año pasó: La corriente del Niño y las
lluvias primaverales paralizaron lo poco que quedaba.
El arándano, la
frambuesa, la cereza que se exporta. No hay temporeros porque no hay cosecha a
tiempo. Y sólo el trabajo ofertado es meter fruta en un clamshell dentro de una
sala de frío extremo, a 2 grados, por $15 mil al día. Sin industria, solo
embalaje. No transformación.
Y ahí aparece el
frío de verdad: el del empresario chileno. El que no emprende nada y vela por
sostener la ventaja competitiva que lo lleva a importar la fruta. Especula.
Juega en la bolsa de Santiago, de Nueva York, exporta cobre en bruto y juega
con el dólar. No genera industria, genera comisión. Creó la palabra
"emprendedor" para que el que logra instalar una pequeña empresa no
se convierta en su competidor en un mercado ya parcelado con otros iguales a él,
y crea que es empresario por vender completos en la esquina, mientras él sigue
especulando protegido.
Protegido el empresario por una casta política enquistada en el Estado, que cobra dieta, que vive de la comisión del Estado, que no ha trabajado nunca con frío, ni con horno, ni con carpeta bajo la lluvia. Por eso nadie hace nada. Porque los que deben hacer, viven de que nada se haga.
El Emprendedor quedó sólo el nombre, ya no existe el sujeto con capital que arriesga, para crear algo que no había. El panadero. que compra un horno y hace pan, emprende, el mismo Estado lo consume en deudas.Esa es la cesantía
de hoy, que No es del 9,6% que informan sacado de una estadística que no ve lo
que la calle muestra, donde hay gente bien vestida con mochila, que camina por
estas en cada urbe del país y que la administración del Estado decidió no ver.




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